Cómo interpretar los hechos para sacarles provecho

Los hechos no son sólo hechos. Que consideremos algunos positivos y otros negativos depende de nuestra forma de entender el mundo y de interpretarlos.

Si algo que pasó o algo que alguien hizo nos genera una emoción dolorosas (rabia, odio, miedo, dolor, duelo, descepción, etc.) es porque pensamos algo negativo o doloroso sobre ese hecho. Pero hasta que no lo pensamos, el hecho no tiene ningun efecto sobre nosotras.

Un ejemplo extremo, pero que ha ayudado a mis clientes a comprender mejor este concepto, es la muerte de un ser querido. La muerte en sí es un hecho. Una parte inevitable del ciclo de la vida. No es ni mala ni buena. Si una persona querida muere en otro país justo el día que estás celebrando tu cumpleaños, y nadie te avisa hasta el día siguiente, en el momento que ocurre la muerte no sentirás dolor. Estarás celebrando con tu familia y amigas.

Sentimos el dolor que acompaña la pérdida de esa persona cuando nos enteramos de la noticia y pensamos en lo mucho que la vamos a extrañar, en lo que nos dijimos o nos quedamos sin decir, en los momentos lindos… lo que nos genera emociones fuertes es lo que nosotras pensamos de la muerte y el significado que le damos a que esa persona ya no esté con nosotras. Si la persona que murió fuera alguien a quien apenas conocías, no tendrá el mismo efecto en tí porque tus pensamientos serán otros.

La razón por la que digo que los hechos en sí no son buenos ni males hasta que pensamos y emitimos una opinión sobre ellos, es porque, en casi todos los casos, lo que es positivo para algunas personas o grupos, es negativo para otras, dependiendo de sus creencias o de lo que cada una tenga en juego.

Cuando digo que debemos aceptar las circunstancias como son, no significa que estemos de acuerdo con ellas, las aprobemos o las condonemos. Nada más lejos de mi intención. Significa que podemos decidir cómo sentirnos y reaccionar frente a ellas.

A veces queremos tener una emoción negativa a propósito. Por ejemplo, si soy testigo de que una mujer, niño o niña está siendo abusada de cualquier forma, mi condena a este tipo de comportamiento es tan fuerte que me provocará mucha rabia y eso me hará reaccionar de forma impulsiva para denunciar y detener el abuso. Y yo quiero sentirme así, porque quiero poder reaccionar de esa forma. Si yo pensara que “es un asunto privado” o que “no hay nada que yo pueda hacer”, esos pensamientos me harían sentirme impotente, insegura, o apática, y no me ayudarían en nada a parar una situación de abuso. Mis sentimientos de coraje no son sentimientos placenteros, pero me sirven en ese momento para lograr lo que quiero.

Tenemos verdadero control sobre nuestras vidas cuando somos capaces de elegir conscientemente cómo queremos pensar, sentir y actuar, en lugar de que los pensamientos involuntarios y las emociones (que por defecto serán casi siempre negativas) nos controlen.

Cada día tenemos muchas situaciones que no consideramos particularmente buenas ni malas, esas son las mejores para comenzar a practicar e ir desarrollando esta habilidad. Te propongo que pongas atención a esas situaciones, y practiques pensar sobre ellas de tantas fromas distintas como se te ocurran. Imagínate tus pensamientos como si te estuvieras probando piezas de ropa. Piensa en cada uno y analiza cómo te hace sentir. Después prueba otro, y así hasta que encuentres uno que te haga sentir como necesites sentirte en ese momento.

Escríbeme o llámame y me cuentas cómo te fue. Me encantará saber de tí!

Start typing and press Enter to search