¿Porqué no siempre logras hacer lo que te propones?

Eres súper inteligente, determinada, apasionada, comprometida, y exitosa. Has logrado tanto en tu vida personal y profesional que resulta confuso no entender por qué, esta vez, lo que te has propuesto te parece misión imposible…

El problema no está en tu falta de capacidad o de disposición, muy probablemente tu cerebro te está boicoteando.

Si el resultado que deseas depende enteramente enteramente de tí – por ejemplo escribir un proyecto, tener esa conversación difícil con una colega o familiar, bajar de peso, implementar un sistema efectivo de auto-cuido, manejar mejor tu tiempo, etc.- entonces lo que realmente te está impidiendo lograr tu meta es lo que estás pensando en relación a ella.

¿Así de simple? Sí. Todo pensamiento despierta una emoción (aburrimiento, frustración, miedo, asco, enojo, entusiasmo, confianza, excitación, etc.) y todo lo que hacemos, o no hacemos, responde inconscientemente al impulso natural de sentir, dejar de sentir o evitar esa emoción.

Pruébalo tú misma:

Piensa en algo que te hayas propuesto y lo lograste. ¿Cómo te sentías cuando lo estabas haciendo? ¿Qué crees que te permitió hacerlo bien? ¿Te sentías tal vez confiada? ¿Segura? ¿Entusiasmada? ¿Qué pensamiento te hizo sentir así?

Ahora piensa en algo que has propuesto hace rato y no has logrado hacer. ¿Cómo te sientes cuando piensas en ello? ¿Porqué sientes eso? ¿Cómo necesitarías sentirte para poder meterte manos a la obra? ¿Qué necesitas creer sobre tí misma o sobre esa tarea para sentirte así? ¿Lo crees? ¿Qué otro pensamiento te puede servir?

Si logras identificar los pensamientos que te paralizan y sustituirlos por pensamientos que generen las emociones que necesitas para ponerte en acción, vas a lograr lo que te propones con más facilidad. Así es cómo funciona nuestro cerebro.

Por ejemplo, si debes escribir un informe y piensas que es difícil y piensas que te va a tomar mucho tiempo o que es aburrido, todos esos pensamientos van a crear emociones negativas en tu cuerpo. Por ejemplo, podrías sentir temor, inseguridad, apatía, frustración o victimización. Si sientes algunas de esas emociones, será muy difícil que te pongas a trabajar en el informe y te sientas cómoda haciéndolo. Terminarás forzándote a hacerlo y sufriendo cada segundo del proceso. Esto sólo terminará “probando” que todas las cosas terribles que pensabas de esa tarea son verdad. Pero si buscas pensamientos que te ayuden a emprender la tarea, como por ejemplo: “esto ya lo hice antes y me salió bien” o te haces preguntas cómo: “¿Qué puedo hacer para que esta tarea sea menos aburrida/difícil?” tus emociones serán distintas, meas positivas, y eso te ayudará a lograr tus metas más fácilmente.

No siempre es fácil lograrlo. Requiere práctica y aveces un poco de ayuda, pero depende enteramente de ti crear las emociones que necesitas sentir para ponerte manos a la obra y lograr lo que te propones. Como dijo Wayne Dyer: “Cuando cambias la forma en que ves las cosas, las cosas que estas viendo cambian”.

Aprender a controlar nuestros pensamientos, y por tanto nuestras emociones, es una habilidad que se puede aprender. ¿Me permites mostrarte cómo?

 

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